lunes, 6 de julio de 2026

Ouka Leele



In memoriam. Hoy, martes 24 de mayo de 2022, ha muerto Ouka Leele. Había nacido en 1957. Su nombre, que reconozco que no había memorizado hasta hoy, era Bárbara Allende Gil de Biedma, que parece la descripción de una de sus fotografías: una identidad preparada con nombres célebres.

         Su nombre verdadero, sin embargo, siempre fue Ouka Leele y su peculiar y surrealista manera de fotografiar se convirtió en las décadas finales de siglo XX en el emblema de una revolución cultural, que algunos llaman Movida, pero que fue un movimiento más profundo y extenso de punto y final a cuarenta años de una cultura oficial mediocre, miedosa y maniatada. La libertad tenía un logo imaginado por Ouka Leele. Una imagen compuesta casi pictóricamente, con saturación de los colores y naturalidad en el uso de lo inverosímil.

         Especial impacto me causaron sus retratos, en los que sustituía el cabello del fotografiado por animales (tortugas, peces, pulpos), vegetales (frutas, flores, ramos), aparatos (máquinas de afeitar, planchas, grabadoras) u objetos de cualquier especie (zapatos, jeringuillas, aviones de juguete). En 1980 disparó una de sus fotos más icónica: un tipo con traje, bigote y gafas de sol —prototipo del varón del ancien régime— leyendo un periódico al revés y con una pierna femenina encima de la cabeza a modo de cresta punki. Una imagen llena de contenidos políticos concretos, que la época sin duda reclamaba. Pero la obra a la que dio paso fue dejando de lado cualquier concreción significativa, y sus imágenes subrayaron únicamente carácter, el de la reivindicación para la vida de la imaginación, de lo festivo, del disparate, de lo ingrávido, de lo onírico, de lo esencialmente irrespetuoso. Una obra que inyectaba el mismo optimismo, felicidad e irreflexión que las sustancias que corrían por las calles de la Transición.

         Así como muchos artistas fracasaron en el encomio de lo fútil, reviso los repertorios de imágenes de Ouka Leele, hoy con la conciencia del espejismo que suponía su propósito de derrotar la vida cotidiana, y sigo encontrando en ellas, intacto, su esencial ausencia de significados con fecha de caducidad. Solo veo la permanencia de ingenuidad y devoción, de la fe en una concepción ilimitada de la creatividad, practicada por su propio encanto. Como un perpetuo juego infantil para el que no está previsto que exista lo que ha ocurrido en la tarde de hoy, en un hospital de Madrid. DEP.